jueves, 13 de noviembre de 2014

Tengo un pájaro carpintero parado en el hombro. Un día se posó ahí y desde entonces no se ha retirado; a falta de gusanos, extirpa de mi crano ideas y se las traga. No sé si eso lo haga un pájaro inteligente o tarado, no sé si lo haga sentir bien o si solo le llene el estómago. He tratado de entablar una conversación con él, pero es inutil, nunca me responde. De tantos humanos me eligió a mí. A lo  mejor porque le gustan mis ideas, a lo mejor porque no está robando nada demasiado valiuoso. Al pájaro no le interesa el color de mis pensamientos, lo he comprobado, hasta ahora aun no establece ninguna clase de patrón. Nada. Puede ser que sea un pájaro muy tonto y no se haya dado cuenta de que en realidad soy un humano y no un árbol, traté de explicarle que no era un árbol: Fui a un parque y me puse al lado de varios árboles, pero creo que ninguno fue de su agrado. No duele. No me siento menos inteligente. Es como tener un brazo de más, o una pierna, o un pancreas. No sé que haré si algún día se va.
En sueños, cuando mis pensamientos se entrelazan en colores que no logro visualizar, el pájaro se comunica conmigo.
-Soy pájara, - Me dice.
Espero no tener que esperar mucho para volver a hablar con ella.