Las furcias:
Te he sentido tantas veces; he sentido como el mismo aire que rosa mi boca se pasa suavemente por la tuya, mientras estamos a centímetros el uno del otro. He penetrado en tí, en el par de ventanas en las que te empeñas en poner cortinas que siempre quito, con delicadeza. He escuchado tus suspirs, los he sentido, los he amado y odiado como los míos propios, los he anhelado. He también hablado contigo sin tener que formular palabra, con un mirar para el que no se requieren ojos, con ese sexto sentido que ni tù ni yo hemos llegado a comprender.
¿Qué esperan ellas? Furcias de ventanas tras las cuales no hay nada, furcias que el aire rehuye, furcias que solo saben expresarse a medias por medio de las palabras. Pero tú las sigues amando, sigues idolatrando sus simpleza, su entereza, su seguridad; ¿Cuantas veces no te has preguntado si vivimos en la misma realidad? Cuestionando si ellas se cuestionan, si sienten, si aman de verdad.
Tantas veces me has dicho que tu objetivo en la vida no es la felicidad: es el amor. ¿Qué buscas tú amandolas a ellas? O será que no buscas, que por una vez en tu vida has decidido dejar de buscar para concentrarta en encontrar lo intangible. Quizá, a fuerza de repetírtelo, has entendido finalmente que quien busca no encuentra, que no importa cuantos caminos recorras, el único que te llevará a algún lado es el que tomes con ojos cerrados, oídos sordos y falta de tacto, aunque con los sentidos ampliados tanto como puedas.
No sé si alguna vez me has amado. No me interesa. No quiero ser para tí algo material, quiero serlo todo y no ser nada, quiero ser un anhelo. Pero eso tú ya lo sabes.
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